Cuando estemos conduciendo una presentación en público, debemos considerar que tenemos cuatro tipos de personas que forman parte de la audiencia. Esto nos dice, que la audiencia está formada por algunas personas que prefieren la “Teoría”, y éstos optarían por analizar y/o visualizar los temas desde un punto de vista conceptual, de más alto nivel de abstracción. Por otra parte, ciertas personas prefieren analizar los temas viéndolos desde un enfoque más “Práctico”, tratando de ver cómo los afecta a ellos en sus actividades diarias. Como punto medio entre los 2 tipos mencionados anteriormente, tenemos personas más “Reflexivas”, que se sienten más cómodas formulando teorías luego que analizan el enfoque práctico de cierta situación; mientras que otros se sienten más a gusto, tratando de visualizar la “Aplicación” de una teoría a cierta situación real, donde generalmente intentan ejemplificar siempre toda formulación teórica.
Basándonos en lo anterior, siempre que estemos en una presentación en público, debemos tener en cuenta esto. Por lo que si queremos llegar a toda la audiencia, y hacer que la misma sea más efectiva, siempre que sea posible, nuestra presentación debería reflexionar sobre ciertos temas prácticos, para luego poder realizar la formulación de teorías. Luego de esto, la misma debería tener ejemplos sobre su aplicación en la vida real; y de ser posible debería culminar con ciertos ejercicios prácticos para que sean ejecutados por la misma audiencia. De esta forma, estaría en condiciones de llegar, estimular y entusiasmar más a la audiencia con mi presentación.
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Nota: El sentido en el que giran las flechas según la imagen anterior, no tiene por qué ser necesariamente el presentado. Asimismo, el orden en como se desarrolla la presentación ejemplificada en el párrafo anterior, no tiene por qué ser necesariamente como se presenta. Considere por ejemplo, que perfectamente una presentación puede iniciarse con un ejercicio práctico que sea resuelto por la audiencia, viendo luego su aplicación en la vida real, realizando la formulación de teorías, y luego reflexionando sobre la misma. Lo importante, es que siempre toda presentación tenga estos cuatro componentes para cautivar a toda la audiencia.
A continuación, describo algunos Tips o consejos, para superar algunos problemas comunes que se da en las personas, cuando realizan su presentación en público:
** Gestión del silencio: Es sabido que para no aburrir a la audiencia, debemos hacer que la misma sea partícipe en nuestra presentación. Con esto, quiero decir que debemos dar lugar a que la misma intervenga, y que la presentación no sea un discurso uni-direccional, lo que muchas veces pasa y hace que la misma sea por demás aburrida, monótona y agotadora.
Para que lo anterior suceda de forma efectiva, y lograr que la audiencia participe de nuestra presentación, debemos realizar preguntas a la misma. Un error muy común cometido por el orador, es hacer una pregunta y enseguida responderse a sí mismo, sin darle tiempo a la audiencia para que piense y dé una respuesta a la interrogante planteada. De la misma forma, si hay contestación de la audiencia, pero la respuesta es incorrecta, muchas veces el orador ignora esa respuesta en lugar de contestarle o dar alguna pista sobre la respuesta correcta.
Si alguna de las situaciones anteriores ocurre, el orador seguramente logrará un efecto negativo sobre la audiencia, ya que estará dando un mensaje contradictorio que confundirá a la misma. En ambas situaciones, el mensaje subliminal que se transmite es el de “no participen”, debido a que la respuesta será brindada por el orador o su respuesta será ignorada.
Por lo que para lograr el efecto que realmente queremos y evitar que ocurra lo mencionado en le párrafo anterior, debemos realizar lo que se llama “Gestión del Silencio”. Esto no es otra cosa, que esperar a que alguien de la audiencia responda cuando hacemos una pregunta, dándole el tiempo necesario para que la piensen y den su respuesta, sin contestarla uno mismo. Una técnica que puede ser usada por el orador para no contestarla, es contar hasta 10 en silencio, luego de formulada la pregunta. La presión que siente la audiencia durante ese silencio, es realmente intensa y suficiente como para que alguien de una respuesta, y esto pasa en un 95% de las veces. Si lo anterior no ocurre, antes de esos 10 segundos, deberíamos reformular la pregunta planteada, para que el público pueda entenderla mejor, ya que este pudo haber sido el problema, pero nunca la debemos responder uno mismo.
En el mismo sentido, si recibimos una respuesta incorrecta por parte de alguna persona de la audiencia, lo que no debemos hacer es ignorar esa contestación, y pasar a escuchar otras respuestas. Si este es el caso, el consejo es decirle directamente que la contestación no es muy acertada, y darle alguna otra pista para que su razonamiento llegue a la respuesta correcta.
Lo más importante aquí, es saber que el silencio es una gran presión para la audiencia, y siempre que se plantee una pregunta, si esperamos el tiempo suficiente, siempre va a haber alguien que la responda. Tal vez esa respuesta no sea la correcta, pero servirá de todos modos para reformular la pregunta o dar pistas sobre su respuesta, logrando de esta forma una mejor comunicación y mayor atención del público.
** Uso de muletillas: Muchas veces cuando hablamos en público, los nervios y/o el temor a hacer el ridículo hacen que la comunicación no tenga la fluidez que deseáramos. Esto generalmente ocurre cuando el orador hace un uso abusivo de distintas muletillas mientras realiza su discurso, como ser el de repetir en su discurso infinidad de veces las palabras “Esteee..”, “Eeeh..”, “Digo…”, etc. U otras muletillas como ser ciertos gestos con las manos, cara, etc.
Para superar este tipo de trastornos como oradores, existe una técnica sugerida por psicólogos, PNL, etc. Que se basa en el supuesto de que el orador es consciente sobre su problema pero no lo puede evitar mientras realiza su oratoria. El mismo se da cuenta cuando menciona estas palabras o realiza ciertos gestos, justo después de que los hace.
De esta forma se sugiere que el orador en su mente, asocie este gesto o palabra que repite infinidad de veces a una imagen, por ejemplo un cartel de “Pare” o de “Ceda el paso”, como los que ve mientras conduce. En tal sentido, mientras habla en público, luego de que use cada vez su muletilla, haciendo un gesto o repitiendo su palabra, se imaginará el cartel asociado a la misma.
Con el tiempo, y como nuestro cerebro es más rápido que nuestra voz, el orador podrá imaginarse el cartel de “Pare” en su mente, justo antes de mencionar la palabra o realizar el gesto utilizado como muletilla. Esto hará que el mismo evite repetir esa palabra o hacer ese gesto incómodo, que distraen la atención del público y le quitan atracción a nuestra presentación.
A llevarlo a la práctica… es cierto y funciona!
Así que te ayudará a superarte.

